HOME

 

Un segundo más y van… 

            Si hay alguien que valora al tiempo como a pocas cosas en el mundo, ese soy yo. Sucede que a lo largo de mi vida he perdido, contra mi voluntad, alrededor de sesenta y seis mil doscientos cuarenta segundos, lo que equivale a mil ciento cuatro minutos, es decir, dieciocho horas. Eso se aproxima, en porcentaje, a las horas que el hombre se mantiene despierto durante el día. ¿No entiende?. Bueno, le explico. Resulta que mis relojes jamás han marcado la hora siete. Mejor dicho, yo nunca he vivido la hora siete. Las agujas de mis relojes jamás han marcado ese segundo que hay entre las seis horas, cincuenta y nueve minutos, cincuenta y nueve segundos y las siete horas, un segundo. Yo jamás he vivido la hora siete y no sé lo que significa vivir ese instante. He perdido dos segundos por día, lo que equivale a sesenta segundos por mes, lo que equivale a seiscientos veinte segundos por año, lo que equivale a sesenta y seis mil, doscientos cuarenta segundos en noventa y dos años que llevo en la tierra. ¡Esperen!, estoy a punto de perder otro segundo. Sesenta y seis mil, doscientos cuarenta y uno. Bueno, les decía, he perdido a lo largo de mi vida dieciocho horas y un poquito más. Usted dirá que las dieciocho horas perdidas no son nada con relación a los noventa y dos años que llevo vividos. Pues bien, yo también decía lo mismo, pero ahora que estoy aquí, postrado en esta cama de hospital, hético e inerte desde hace ya diez días, me doy cuenta de lo que vale el tiempo en realidad, y de lo que valen aquellas dieciocho horas y un poquito más que he perdido contra mi voluntad. Dieciocho horas en las que uno puede escribir un prólogo de un libro, conquistar un amor deseado, o hacer muchas otras cosas más. Por eso es que ahora mas que nunca valoro tanto el tiempo y me arrepiento de haberlo perdido cuando más lo podía haber aprovechado, y me entristezco al pensar en los segundos jamás vividos.

            Hoy estoy en mi postrimería, y quizá me quede poco tiempo de vida. O quizá no. Quizá mi destino esté marcado para la hora siete, por lo que nunca llegará, y se pospondrá eternamente para la próxima hora siete, a al cual nunca arribará, y seré inmortal.